
“…Somos una sociedad inequitativa, con desigualdades profundas que lastiman y con los principios que presumimos, en el olvido” La BRECHA. Alfredo César Dachary
En las ciudades del Estado más rico de Estados Unidos, California, antigua posesión mexicana, expropiada por la fuerza a México por parte del país del norte, que fue importante base para la riqueza del país, conviven miles de personas en la calle sin servicios, a veces con trabajo, pero imposible de rentar ante el costo de las viviendas.
Si California fuera un país, sería a nivel mundial el cuarto más rico, después de Estados Unidos, China e India. ¿Dónde emerge tanta gente pobre sin ningún tipo de apoyo del estado? ¿Es la nueva cara de Estados Unidos, pobreza frente a riqueza, asimetría que ya le envidia mucho al mal denominado Tercer Mundo?
Caen los servicios, se cierra el Departamento de Educación, se les impide a las grandes universidades aceptar dinero, sin pagar los altos impuestos, si no se ajustan a un molde más policial que democrático, siendo el primer castigado la famosa Universidad de Harvard.
Límite para mandar dinero a sus familiares fuera de Estados Unidos, mayor control de las remesas ante el amplio desarrollo del lavado de dinero. El país empieza a mostrar la cara que no se conocía aún, y que es la que conforma la deuda internacional más alta del mundo, casi imposible de pagar y sin un modelo visible aún para enfrentarla por la negociación y no por la violencia, como es el respaldo real del dólar, 1,000 bases militares y varios millones de soldados distribuido a nivel mundial en éstas.
El fin de la solidaridad internacional
La nueva política de Trump, pisotea y borra los principios democráticos mínimos, especialmente con los inmigrantes, la primera mayoría son de México, que ayudaron a construir el país y pese a todo se los “caza” y expulsa como delincuentes, sin saber que ocurre con sus bienes y pertenencias.
Ahora para completar el cuadro del “nuevo modelo norteamericano”, fue anunciado por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) que suspenderá la «incorporación, procesamiento y distribución» de los datos recabados por satélites meteorológicos, mismo que maneja con el Departamento de Defensa.
Esto afectará a las investigaciones de los expertos en el tema, como del Centro Nacional de Huracanes de Norteamérica, herramientas clave que ayudaron a elaborar ese pronóstico dejarán de estar disponibles a fin de mes, y aparentemente no habrá un reemplazo a medida que el Atlántico entra en lo que se espera sea una temporada de huracanes inusualmente activa.
Los satélites empleados para estas mediciones y los datos de microondas son vitales para hacer estos análisis. «Los datos de microondas brindan información crítica que no se puede obtener de los satélites convencionales y ayudan a ver debajo de la imagen regular de un huracán o de un ciclón tropical para observar qué sucede en su interior. Es especialmente útil por la noche».
Así, ¿se acabaron las alertas por huracanes? Estados Unidos dejará de compartir información sobre temporada de ciclones. Las herramientas clave que ayudaron a elaborar el pronóstico de ‘Erick’ en el pasado, dejarán de estar disponibles a fin de mes.
El Centro Nacional de Huracanes (NHC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos predijeron con precisión que el huracán ‘Erick’ se intensificaría rápidamente al impactar la costa del Pacífico en México.
La Marina de los Estados Unidos y la NOAA dejarán de aceptar y distribuir lecturas del Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa a partir del 30 de junio, según un aviso oficial. Una de las principales aplicaciones de estos datos es ayudar a los pronosticadores a predecir con precisión si una tormenta se intensificará rápidamente, lo que significa que las velocidades máximas del viento aumentarán al menos 56 kilómetros por hora en un período de 24 hs.
Aunque Milton se debilitó a categoría 3 al tocar tierra en octubre pasado, otras tormentas han intensificado justo antes de su impacto, como el mortal huracán John del año pasado, que dejó casi 145 centímetros de lluvia en partes de México. Las investigaciones sugieren que, a medida que el mundo continúa calentándose, los sistemas tropicales tendrán una mayor probabilidad de convertirse en huracanes poderosos a través de una intensificación rápida.
¿Cómo ayudaban los datos que compartía Estados Unidos? El Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa, disponibles para investigadores y agencias meteorológicas de todo el mundo, ayudan al NHC a observar el interior de las tormentas, mientras que otros satélites solo captan imágenes de la parte superior de las nubes, explicó Alan Gerard, meteorólogo retirado de la NOAA.
“Las lecturas de estos satélites han permitido a los pronosticadores detectar procesos como el reemplazo de la pared del ojo, similar a un cambio de piel en las serpientes. Durante este proceso, las tormentas pueden debilitarse brevemente mientras crecen en tamaño, es un proceso importante, saber que está ocurriendo”, dijo Gerard. “Detiene la intensificación rápida. Pone un freno”.
Será más difícil hacer los pronósticos
En un comunicado emitido por Kim Doster, directora de comunicaciones de la NOAA, afirmó que los datos de los satélites militares son solo una parte de un “robusto conjunto de herramientas de modelado y pronóstico de huracanes”.
Según Doster, los modelos de tormentas seguirán incluyendo datos de otros sistemas satelitales y de los aviones caza huracanes de la NOAA, entre otras fuentes.
“Cuando se interrumpa el flujo de datos, la capacidad de ver a través de las nubes para observar la estructura interna y la organización de un ciclón tropical se verá afectada negativamente”, explicó. Esto retrasará los pronósticos de intensificación rápida mientras los meteorólogos buscan otras pistas visuales. “Será más difícil y llevará más tiempo hacer los pronósticos”, concluyó Franklin.
¿Cuba se convierte en un referente de la meteorología en la región?
Si nos preocupa como ciudadanos de zonas costeras, estos grandes eventos y predicción exacta, más nos llama la atención que Cuba se está transformando en un referente para la meteorología de esta vasta región.
La presente temporada ciclónica, definida en Cuba desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre, se prevé como activa, entre otras causas, por la posible formación de 15 ciclones tropicales en la cuenca del Atlántico Norte, ocho de los cuales podrían alcanzar categoría de huracán.
Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de la nación caribeña y profesor de Ciencias y Geografía, señaló que actualmente resulta significativa la continuidad en el estudio de estos fenómenos «porque aún no contamos con todas las claves para explicarlos».
“Cuba está muy cerca de una zona limítrofe entre el área tropical y la región sur de la franja templada del hemisferio norte. Estamos rodeados de agua y eso introduce un fuerte componente oceánico en nuestro clima. Además, estamos muy cerca de Norteamérica desde donde llegan los frentes fríos en invierno”.
Todos esos contrastes, refirió también, marcan una gran dinámica en el comportamiento del tiempo en la isla. La variación del clima y el cambio climático, una transformación a mayor escala, parecen influir sobre los huracanes.
“No hay evidencia de que anualmente haya un aumento en la cantidad de esos eventos, pero sí parece haber un incremento en el grupo de huracanes intensos, o sea, los que sobrepasan las categorías 3, 4 y 5 de la escala Saffir-Simpson, la internacionalmente utilizada para evaluar el nivel destructivo de los huracanes».
Un país avanzado en meteorología
Según Ramos Guadalupe, Cuba siempre ha sido un país avanzado en meteorología, «no lo decimos por una cuestión nacionalista, sino porque la historia así lo demuestra». En este sentido, fue de las primeras naciones que publicó en la prensa las observaciones meteorológicasen una fecha tan remota como 1793.
En la primera plana de un pequeño diario denominado Papel Periódico de La Habana, aparecieron datos alusivos a la presión atmosférica, la temperatura y el estado del cielo, como consecuencia de la demanda social que tenía esa información ya a finales del siglo XVIII.
En la década de 1850, el estudioso Andrés Poey Aguirre, hijo del célebre naturalista Felipe Poey, se interesa en esta ciencia y sus observaciones como astrónomo aficionado aparecieron publicadas en el Diario de la Marina, por entonces el periódico oficial de la marina española.
El propio Poey Aguirre dirige el Observatorio Físico Meteorológico de La Habana, creado en 1861, y más de una década después, en septiembre de 1875, un jesuita español resultó el autor del primer pronóstico y aviso de ciclón tropical en la historia, realizado desde el capitalino Convento de Belén.
Durante la primera década del siglo XX, se instituyó la Estación Central Climatológica y de Cosechas y en 1908 se estableció el Observatorio Nacional, con un primer edificio en la Loma de Casablanca, donde hoy está la sede del Servicio Meteorológico de la mayor de las Antillas.
A partir de los 60’, esa entidad adopta el nombre de Instituto de Meteorología, subordinado a lo que entonces era la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias, institución con un formato similar a la de la Academia de Ciencias de la extinta Unión Soviética.
«Actualmente, incorpora el servicio público, el servicio especializado de pronósticos del tiempo y la investigación en diferentes ramas del conocimiento como: física y química de la atmósfera, meteorología marítima e informática, especialidades que aportan al desarrollo de la ciencia», afirmó.
La Unión Soviética fue una pieza clave en el desarrollo del servicio meteorológico en la isla, gracias a la donación, en primer lugar, de 50 estaciones que reemplazaron la infraestructura anterior, de solo tres estaciones estadounidenses y cuyos componentes no llegaron más al país como consecuencia del bloqueo.
En 1964, la nación caribeña adquiere tres radares: dos fabricados en Gran Bretaña y otro en la URSS, «después se amplía, pues los soviéticos mantienen la infraestructura de radares y aportan otros equipos nuevos».
Como resultado de esa colaboración y de la experiencia de los profesionales cubanos, la isla tuvo una de las redes de estaciones meteorológicas más densas del mundo por extensión superficial (110,900 kilómetros cuadrados aproximadamente). Hoy cuenta con 68 estaciones y ocho radares.
Desde hace décadas, de estrechas acciones de intercambio y apoyo con los países del área en estos temas, porque «la meteorología no reconoce fronteras humanas, solamente existe un espacio natural donde se manifiestan todos los fenómenos».
Así se valoró la experiencia del territorio antillano en la prevención de los desastres causados por fenómenos naturales y la preparación de la sociedad en el enfrentamiento de esos eventos adversos, aspectos relacionados con la Defensa Civil, «un sistema de avanzada a nivel internacional».
La defensa civilestá enfocada de manera similar a la medicina cubana, ya que tiene como centro la prevención. «Partimos de la creación de una cultura meteorológica y del diseño de dinámicas sociales y estatales que permitan, frente a una amenaza, poner prácticamente al país en función de la misma», agregó el experto. Es de esperar que esta situación se transforme en algo promotor de mayor cooperación, ya que los grandes cambios previstos no dejan duda de los profundos impactos que pueden generar
Dr. Alfredo César Dachary, México. Docente Universitario, Investigador, Consultor, conferencista. cesaralfredo552@gmail.com
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