
por Ingrid Pedersen. Romper con el viejo estigma de la educación turística en las escuelas de nivel secundario en Argentina es una urgencia. Enseñar turismo no es formar mano de obra para un mercado, es formar ciudadanía para un territorio.
La escuela secundaria deberá dejar de ser un espacio aislado para convertirse en un puente entre los jóvenes, su comunidad y el desarrollo local. En las escuelas, el turismo se deberá aprender desde la cercanía, desde la identidad y desde la gente.
Por Magíster Íngrid Pedersen
En un mundo donde los territorios se redefinen a partir de su identidad, sus recursos y su capacidad de generar bienestar, la educación turística en la escuela secundaria deja de ser un complemento curricular para convertirse en una plataforma estratégica de desarrollo.
Formar jóvenes en turismo desde edades tempranas es sembrar la conciencia que permitirá, en pocos años, que las comunidades cuenten con ciudadanos capaces de gestionar su territorio con visión, sensibilidad y compromiso.
Pero también es mucho más que eso: es una inversión de largo plazo, que articula vocación, oficio y desarrollo territorial sostenible. Una apuesta genuina a un futuro donde el turismo regenerativo ese que busca mejorar, restaurar y fortalecer lo que toca sea posible porque primero se formó a quienes lo harán realidad.
El turismo como puente entre proyecto personal y proyecto territorial
La escuela secundaria ocupa un lugar privilegiado en el entramado educativo. Allí, donde los jóvenes comienzan a definir intereses, aptitudes y caminos de vida, la enseñanza del turismo se convierte en un punto de apoyo decisivo. Su impacto es doble:
1. Articulación entre oficio y vocación académica
La educación en turismo funciona como un puente pedagógico que abre caminos concretos tanto hacia la práctica laboral inmediata como hacia la formación superior.
Hacia el oficio (herramientas prácticas reales)
En el nivel secundario, los contenidos turísticos permiten que el estudiante se acerque al mundo del trabajo desde una perspectiva práctica, situada en su propio territorio.
El aula se transforma en un laboratorio donde se aprenden herramientas para desempeñarse en áreas como:
Hospitalidad y atención al visitante,
Recreación y actividades guiadas,
Diseño de circuitos interpretativos,
Gestión de iniciativas culturales y ambientales,
Comunicación turística y liderazgo,
Conocimiento del territorio como activo económico y cultural.
Estas competencias iniciales son claves para que los jóvenes puedan acceder a sus primeras oportunidades laborales locales, fortaleciendo la economía comunitaria y dignificando los oficios ligados al turismo. Son juventudes que no solamente “trabajan en turismo”: construyen comunidad desde el turismo.
Hacia la vocación académica (formación superior futura)
La educación secundaria también despierta el interés por carreras universitarias y terciarias vinculadas al turismo, la hotelería, la gestión cultural, la conservación ambiental o el desarrollo local.
Ese contacto temprano con los contenidos turísticos convierte una simple curiosidad en una vocación con proyección profesional, abriendo oportunidades de crecimiento que trascienden el territorio e integran al estudiante a redes nacionales e internacionales.
La secundaria funciona, así como una bisagra formativa: inspira la vocación, orienta la decisión académica y prepara el camino hacia niveles superiores de conocimiento.
Educación turística como motor del desarrollo territorial sostenible
Pero el impacto no se agota en el plano individual.
Cuando una comunidad forma jóvenes en turismo, está sentando las bases para un modelo de desarrollo territorial que se gestiona desde adentro. Los futuros técnicos, universitarios y emprendedores que hoy se forman en el aula serán quienes definan mañana las estrategias locales de conservación, desarrollo económico, gestión cultural y planificación turística.
Allí radica su verdadero valor estratégico:
La educación secundaria no solo forma a quienes trabajarán en turismo, sino a quienes serán responsables de que ese turismo sea sostenible, respetuoso y regenerativo.
Turismo regenerativo: una conciencia que se empieza a sembrar en la escuela
El turismo regenerativo requiere comunidades que comprendan su territorio, valoren sus recursos y participen activamente en su gestión. Ese tipo de conciencia no aparece de un día para el otro. Se forma. Y se forma temprano.
Cuando los jóvenes entienden que el turismo no consiste únicamente en recibir visitantes, sino en cuidar, interpretar y fortalecer el territorio, surge una nueva generación capaz de liderar procesos comunitarios, culturales y ambientales.
La escuela secundaria es el primer espacio donde se siembra esa visión. El turismo enseñado con enfoque territorial se convierte en un acto pedagógico, político y comunitario.
Conclusión
La incorporación del turismo en la educación secundaria es una decisión estratégica de profundo impacto.
Allí se articulan:
El oficio, que dignifica y genera oportunidades laborales inmediatas.
La vocación académica, que abre puertas a carreras superiores y trayectorias profesionales sólidas.
El desarrollo territorial sostenible, que se construye desde la conciencia, la identidad y la participación comunitaria.
Formar jóvenes en turismo es, en esencia, formar futuros gestores de comunidad.
Es preparar a quienes cuidarán el territorio, lo interpretarán y lo proyectarán hacia un modelo regenerativo donde el bienestar local sea el centro.
Invertir en educación turística no es preparar mano de obra: es preparar ciudadanía.
Y es desde la escuela donde comienzan los grandes cambios donde se habilita la posibilidad de un turismo verdaderamente transformador.
Romper con el viejo estigma de la educación turística es una urgencia. Enseñar turismo no es formar mano de obra para un mercado, es formar ciudadanía para un territorio.
La escuela secundaria deja de ser un espacio aislado para convertirse en un puente entre los jóvenes, su comunidad y el desarrollo local. Allí, el turismo se aprende desde la cercanía, desde la identidad y desde la gente.
Este nuevo paradigma propone una educación que no reproduce modelos extractivos, sino que construye conciencia, vocación y compromiso social. Porque cuando el turismo se enseña con sentido territorial, deja de ser una actividad económica más y se transforma en una verdadera herramienta de desarrollo regenerativo y comunitario.
Magister Íngrid Pedersen. Docente, Consultora, investigadora iadripedersen@gmial.comhttps://wa.me/5493764397133 Pss 28/01/2026.-
Créditos fotográficos: pexels-rdne-7092350
